Tal vez este viejo refrán sea el más acertado para describir el trabajo tesonero de Anaís Zamora, copropietaria de Ferretería Madrigal Zamora, quien junto a su esposo Carlos Madrigal, ha hecho prosperar contra viento y marea su negocio. Este matrimonio de Santa Gertrudis Sur de Grecia, un buen día decidió que querían ser sus propios jefes y fue de Dios que decidieron buscar el capital inicial para emprender su propia aventura. Antes, pensaron en abrir una guardería debido a la gran cantidad de sobrinos que tienen, pero estaba destinado que sería una ferretería. Iniciaron por la compra de un lote en donde construirían su local, luego gracias a un crédito de Transfesa, obtuvieron los primeros productos ferreteros.